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Chile – Brasil: dos vidas y una tradición - Parte I

Por Fabiola Perez* – Parte I

Con una hoja de papel y un bolígrafo, Héctor empieza a presentarse. Curiosamente, el trazado sobre el papel va ganando fuerza a medida que él comienza a explicar detalladamente como se mantiene la tradición de los nombres de las familias chilenas. “En Chile, todas las personas son conocidas por sus apellidos, no estamos acostumbrados a tratarnos por el primero nombre, como lo hacen en Brasil. “Es para saber de dónde viene el sujeto, conocer su origen”, explica. Los brazos de Héctor, que ya descansaban sobre la mesa, otra vez se ponen en movimiento: “tenemos descendencia de los indios araucanos. Cuando los españoles llegaron acá ya encontraron vestigios significativos de la cultura Maya, Inca y Azteca. Ya teníamos una civilización avanzada”.

Después una pausa corta, Héctor sigue hablando. “Cuando alguien decide cambiarse de país, generalmente posee dos grandes motivos; o la persona es motivada por el turismo, cuando desea experimentar vivir en otra región, o entonces cuando se ve obligada a salir del país; por alguna necesidad”.

El año de 1947, cuando nació Héctor Fernando Flores Gatica, gobernaba Chile, el presidente Gabriel González Videla, quien se quedaría en el poder hasta el año 1952 y algunos años más tarde, subiría al gobierno Salvador Allende, líder del país hasta el periódo de la dictadura militar, con la tomada del poder por el general Augusto Pinochet. Desde esta época, la conciencia política se hacia una de las principales características de la sociedad chilena. “El mundo estaba dividido y los acontecimientos exigían la tomada de una posición”. Ideales y principios que hoy son estudiados en las clases de historia, en aquella época hacían parte de la rutina de cualquier ciudadano. “Desde la escuela somos incentivados a desarrollar el espíritu de liderazgo”, cuenta Nubia Alejandra Salinas Arenas, esposa de Hector.

Con 13 años de duración, entre la Enseñanza Básica y la Média, las instituciones de educación chilenas tienen como principal característica la creación de asociaciones gremiales y comisiones directivas que reúnen parte de los alumnos para actuar como representante de clases, defendiendo y llevando adelante las reivindicaciones de toda la clase. “Desde los siete años, los niños están acostumbrados a conversar con las maestras sobre cualquier problema que tenga la clase. Los profesores enseñan a los chicos de todas las edades que para tener derecho a hacer reclamaciones, deben, antes, cumplir sus deberes – es la practica de la educación cívica”, señala Nubia.

Rutina en Santiago

Viviendo en Santiago, capital del país, Héctor empezó a hacer un curso superior en la Universidad Técnica del Estado. Creado desde el año de 1947, el centro de estudio reúne hasta hoy las principales escuelas politécnicas de Chile. Así, a lo largo de cinco años, Héctor compartió su tiempo entre las prácticas humanísticas y la enseñanza técnica de mecánica. “Mis primeras reflexiones surgieron cuando salía para caminar por las calles y mi abuela apuntaba para la luna y decía ‘mira la Virgen María’, desde entonces pasé a tener ganas de comprender el significado de las cosas”, confesa él.

Como la mayoría de la población chilena, la familia de Héctor hace parte de los aproximadamente 70% católicos que componen el país. Su padre era propietario de una empresa de fundición de aluminio y su abuelo era dueño del mayor establecimiento de fundición de hierro de Santiago. Sin embargo, el inconveniente fue que mientras que el trabajo ganaba importancia para la familia, los estudios ya no eran considerados prioritarios – la familia Gatica no había conservado la tradición de estudio. “Como él había conseguido estudiar, pensaba que era superior que los colegas de barrio”, revela Nubia, espontánea.

Durante los primeros años de la facultad, quién apoyó sus decisiones fue la abuela materna, pero al final de los años 70, Ernestina Allende Gatica fallece, dejando Héctor solo con sus estudios. “Estaba sin dirección, fui conversar con la asistente social de la universidad y, a partir del segundo año, pasé a recibir una bolsa de estudios del gobierno. A mi me encantaba poder comprar los libros de filosofía e historia, no es como hoy que todos los universitarios tienen solamente una copia de todo”, diviértese.

En un país de tradiciones, aún se mantiene una de las principales actividades económicas; la exploración de cobre. Durante el gobierno del presidente Salvador Allende, muchos jóvenes fueron trabajar en las minas. Uno de ellos fue el estudiante de ingeniería Héctor. “El Centro de Alumnos Socialista consiguió un incentivo a las prácticas profesionales, así, en diciembre me fui a trabajar en la mina El Teniente, la mayor mina de cobre del mundo”, cuenta.

En 1969, los profesores de la UTE diagnosticaron la existencia de un gran desfasaje en la enseñanza de disciplinas como física, química e matemática. Así, empezaron a invitar algunos ex-alumnos para dar clases a adolescentes camperos de 16 y 17 años. Héctor pasó entonces a dar clases gratuitas de física en el Instituto Tecnológico de la universidad, en la región de San Antonio, cerca de Santiago. “A mí me encantaba enseñar, me sentía muy orgulloso, pues con 22 años ya trabajaba como profesor universitario”. La idea empezó a llegar en cada vez más regiones y, un día, vinieron a participar de las clases de física Nubia y dos amigos.

“Siempre he odiado física, pero en aquella época adoraba participar de las clases de él”, confesa, entre sonrisos. Héctor cuenta que el año 1970 conoció la mina de sus sueños, la media mina, “es como se dice en Chile cuando una chica es muy bonita”.

En Chile, los alumnos que cierran la enseñanza media tienen solamente una oportunidad anual de hacer la prueba para ingresar en las universidades del país. El examen es de carácter nacional y ofrece a los estudiantes la posibilidad de empezar cualquier facultad. “En 1970, me gustaría hacer medicina, pero seguramente no conseguiría, porque no me gustaba estudiar. Podríamos contar con la ayuda de las notas de los tres últimos años de la escuela, pero tampoco tenia este porcentaje”, aclara. No obstante, Nubia cuenta que la participación política no estaba necesariamente relacionada al buen desempeño en el colegio.

De esta manera, cuando Nubia cuenta como vivieron y cual
era la ocupación de sus padres, (...)

SEGUE NA PARTE II - Aguarde!

* Fabíola Perez es periodista, graduada por la Universidad Presbiteriana Mackenzie y, actualmente, estudia Periodismo Político Nacional e Internacional por la Pontifícia Universidad Católica de São Paulo. E-mail para contato: fabiolaperez_101@yahoo.com.br

 

 
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